15 de agosto de 2008

Los juegos inocentes ya no son tan inocentes


Mientras caminaba al lado de unos amigos y amigas me ponía a pensar si estaba haciendo lo correcto o no, y eso me hacía recordar que antes ya había metido la pata, pero esta vez se trataba de una reunión con chicas y todas ellas lindas por cierto. Estaba medio frío mi cuerpo y a la vez caliente la cabeza de tanto pensar, pero finalmente me decidí por seguir a compañeros.

Ya se había planeado todo con anticipación, un amigo "donaría" su casa para la reunión, otro pasaría la voz de dónde sería el lugar de reunión y quiénes son los que participarían; y un último compañero haría la clásica chanchita (osea la recolección de dinero para comprar un poco de comida y bastante bebida alcoholica), pareciera que me gustaba meterme en líos.
Por supuesto que tratamos de pasar por adultos, ya que en ese momentos todavía no terminabamos el colegio -era el último año de clases-, con la ropa un poco desaliñada intentabamos adquirir unas botellas de ron y unas de gaseosa, para mezclarlas y que no sean tan fuertes las bebidas para las chicas.
Ya eran las 3.00 p.m. y debíamos apurarnos para poder terminar nuestra reunión a la par del término de clases del colegio, así que tocamos la puerta e ingresamos a una sala muy bien arreglada para la ocasión y con un fondo musical en el equipo de sonido. Debo decir que apesar de saber que sabíamos que nuestros actos estaban mal, disfrutábamos el placer de lo prohibido, el secretismo y la complicidad de nuestros compañeros y compañeras.
A veces los juegos de la niñez cuando pasa el tiempo menos inocentes se convierten cuando cruzas la adolescencia, pues de jugar a los dados en juegos de mesa decidimos jugarlos para apostar algunos besos, -aquellos "Dados Eternos"-, o algunos castigos como bailar de forma sensual para la persona que había ganado, incluso declarar quién era el chico o chica que te gustaba en el salón de nuestra clases bajo pena de apanado (osea, toda el grupo debía darte de palmazos en la cabeza o en la espalda si habías osado no revelar tus secretos) y por supuesto que la delicadeza de las chicas nos hacía respetarlas sólo en esas ocasionas, pero cuando ganabamos un beso debíamos cobrarlos de foma efectiva sí o sí.
Otro juego era "la botella borracha" (que consiste en hacer girar una botella vacía en el piso y quien ordenaba era aquel que el pico señalaba y el trasero del recipiente señalaba quién recibiría el castigo o ejecutaría la orden), esta actividad lúdica era mucho más efectiva para dar castigos, ordenes o simplemente girar la botella de tal forma que una persona castigara a otra con un pedido especial (osea dar un gran beso a un compañero) y que ya sabíamos se estaba haciendo esa trampa para que dos amigos nuestros se animaran a declararse su amor y de paso darse el beso que ya tanto deseaban.
Nunca deseé el beso de nadie de mis amigas, pues precisamente quien me gustaba no se encontraba en esa reunión, sin embargo ya había jugado el juego de "la botella borracha" con la chica ausente anteriormente pero de forma inocente pues estabamos menos presionados ya que no había nadie más en el juego mas que nosotros dos.
Cuando yo perdía el juego, toda orden era cumplida; pero cuando gané por primera vez, se presenció el silencio más intimidante que pude conocer. ¿Acaso era necesario tanto hermetismo?, pues ahora pienso que era lo hermoso de ese momento. Pude hablar nuevamente y sólo atiné a decirle que si no deseaba darme un beso era sólo un juego nada mas y acto seguido me hizo callar con un beso... me estaba ahogando y perdía la respiración, pero deseaba seguir ahí y no despegar mi labios de los de ellas.
Habíamo tomado lo suficiente en la casa de mi amigo para que en ese momento me pusiera a recordar aquella anécdota y no dejaba de cantar con ganas en mi mente las canciones que el reproductor de sonido emitía.
Todo el mundo salía con el cabello mojado de esa casa, con prisa y mucho avispamiento para que nadie sospechara de nuestro estado etílico, sin embargo esa actitud forzada la evidenciaba más, pues nadie estaba mareado. Estábamos contentos de ese acto prohibido por los adultos, sólo reíamos recordando lo que había pasado con tal o cual chica, y llegando cerca a una avenida principal decidimos comprar comida para que no se note el aliento a Ron y seguidamente a eso cada uno se despidía para sus casas jurando que este juego debía repetirse.
Cuando regresaba a mi casa caminando y pensando en lo sucedido, me dió gusto estar en esos juegos, con mis compañeros que poco tiempo después iba a dejar de ver constantemente, las sonrisas de muchas amigas del cole y de mis vecinitas pues ya se terminaba el último año escolar y debíamos cada uno buscar nuestros caminos por senderos diferentes. Por supuesto se hicieron varias reuniones más antes de terminar el año escolar, de nuevo risas y también tristezas por que eran nuestras últimas opciones de seguir viéndonos... y recordabamos siempre que nuestro viaje de promoción de cada uno debía ser lo máximo, pero esa ya es otra historia.
Recuerdo tanto esta reunión porque era la primera vez que lo hacía con una actitud sería hacía algo tan responssable como el alcohol, no quise defraudar los consejos de mi padre y mucho menos defraudarme a mi mismo y por cierto, era la primera vez que tenía plena conciencia de mis acciones con una bebida alcohólica entre mis manos y divirtiéndome a la vez.

1 comentario:

Esteban Ramon dijo...

Habla compañero.Tu historia se me hizo una pelicula, que bien narrado. Casi me imagine ahi, a tu costado compartiendo la mezcla, compartiendo la musica, compartiendo el juego. La botella borracha y el cole, tiempos memorables, definitivamente.